Bienvenid@s al Blog BloodMoon.
Entrar y curiosear. Los Fanfics de romance paranormal, de aventuras, de amor y misterio, divertidos, llenaran el blog para todos los gustos. Algunos Fanfics, seran originales, otros tomaran prestados los personajes de libros famosos. Espero que se lo pasen bien ^^
Att: Bloodcristal.

20 noviembre 2011

Capitulo 37: Un sueño que cumplirá.

Al entrar, me sentí aliviada, note las manos de Emmett en el cierre del corpiño, liberando los cordeles y después la cremallera, dejándome medio desnuda, acaricio mi cintura y después mi vientre, para después bajar sus manos al botón de mis pantaloncitos cortos, desabrochándolo al igual que la cremallera, llevaba unas medias para no pasa tanto frió, el me bajo las dos prendas asta los muslo, dejándome en ropa interior, para sentarme en la cama, y estirar de la ropa, en cuanto quede liberada, de mi ropa el mismo se empezó a desnudar delante de mi, el se quito la cazadora que aun portaba mientras yo desabrochaba sus pantalones, se quito la camiseta y se descalzo, quedando únicamente en unos boxer blancos con la gomita en negro con las letras de Calvin Klein en azules. Yo estaba sentada en la cama cuando Emmett se empezó a echar sobre mi, haciendo que me tumbara en la cama, sus labios fueron a mi cuello, bajando por mi clavícula, asta el nacimiento de mis pechos, para luego sacar su lengua y lamer mi pecho asta la puntita de mi pezón, solté un leve gemido, sus manos lo sostenían por lo que se apoyo en una solamente y con la otra me acaricio, la curva de mi otro pecho, mi cintura, mi cadera y el muslo, alargo la mano asta la parte de atrás de la rodilla, para agarrame y levantar mi piernas para ponerla en su cintura. Mis manos acariciaron sus hombros, su espalda, aferraron su cabello cuando mordisqueaba mi pezón, convirtiéndolo en una puntilla dura, y mucho mas sensible, haciendo que arqueara un poco mi espalda y dejara escapar un gemido.

--Em.--lo llame, pero el siguió, estaba cansada, pero esto me estaba espabilando a marchas forzadas. —Emmett. —gemí cuando su mano agarro mi pezón, jugando con el entre sus dedos.

--Tengo que tenerte. —me dijo besando mi vientre, lamiendo los laterales de mi ombligo para luego aferrar sus dientes suavemente a la sensible piel. —Quiero probarte, saborearte.—pidió bajando sus labios y su lengua mas abajo, llegando a la parte baja de mi vientre, con sus manos empezó a bajar mi ropa interior, alce mi cadera para ayudarle a quitármela, luego el me separo las piernas, y fue besando la parte interior de mi muslo.

--Mi amor. —gemí. —Están… Están todos… en casa. —le dije intentando persuadirlo, pero el siguió, bajando sus labios mas abajo, casi asta llegar a mi feminidad.

--No, no están, tenemos la casa para nosotros solos. —me dijo paseando su lengua por la parte interior de mi otro muslo. —Todos están donde tu tía Elvira. —dijo y acaricio con su dedo mi feminidad.

--Em. —gemí.

--Déjame probarte, mi amor. —pidió mirándome a los ojos.

--¿Te crees…que estoy… en… en posición… de oponerme?—le pregunte frustrada, el rió y bajo su cabeza asta mi feminidad, paso su lengua por el interior, acariciando ese punto tan sensible, con la punta de su lengua, gemí. Su lengua jugaba con mi botoncito, mientras sus manos sostenían mis piernas abiertas, mi manos las pose en su cabello, hundiendo mis dedos en el. Note como Emmett pasaba la lengua por mi entrada, saboreándome, haciendo que me excitara cada vez más.

--Dios, sabes tan dulce. —dijo saboreando de nuevo mi entrada con su lengua, me arquee cuando note que introducía su lengua en mi núcleo.

--Emmett. —gemí, el succiono mi botoncito haciendo que su lengua lo acariciara con suaves movimientos. —Ya… ya no… puedo. —dije frustrada, lo necesitaba, y urgentemente. —Em, te necesito. —dije con voz ronca, el acaricio una ultima vez mi feminidad con su lengua, para después erguirse y mirarme, se inclino y lo bese, el estaba listo, lo notaba duro y grande en mi vientre

--Eres deliciosa. —dijo después de sepáranos, y intento entrar, pero no le deje, hice que rodáramos para yo quedar encima de el.

--Tu turno. —le dije y comencé a besar su cuello, lamiéndolo asta la clavícula, pasando mi legua por su plano pezón de hombre, el cual aferre suavemente con mis dientes.

--Stella… yo estoy… listo.—dijo en un gruñido sensual, agarrándome de las mejillas para alzar mi rostro.—No dejare… que sigas bajando.—dijo el, sus ojos ardían en deseo, sonreí de forma malvada, baje mi mano por su abdomen, pasando las uñas por su piel haciendo que se estremeciera y soltara sus manos de mi rostro, seguí bajando asta llegar a su miembro, latiente, duro, grande y todo mío, baje mis labios a su abdomen, besando y lamiendo cada cuadradito, para después bajar mi lengua a su cadera.—Si… sigues… dudo, poder… hacerte mía.—dijo cogiendo mi mano, cuando yo estaba lamiendo su gran masculinidad, desde la base a la punta, lo mire y el jadeo.—Ya.—dijo, gatee un poco asta quedar de nuevo encima de el, Emmett, puso sus manos en mi rostro y me bajo, basándome con ardor, para luego girar nuestras posiciones, quedando el encima de mi. No tarde mucho en sentirlo entrar, se deslizo con rapidez dentro de mi, haciéndome gemir asta que el atrapo mis labios con los suyos, acallándome, mientras subía el ritmo de sus embestidas, ahora era cuando estaba sacando toda la excitación que a tenido desde el baile. Baje mis manos a su pecho, su abdomen, acariciando su cintura, y después su cadera.

--Stella. —gruño el, incrementando mas rapidez y fuerza a sus arremetidas, en mi.

--¡¡Emmett!!!—gemí al notar su incremento, la parte baja de mi vientre ya llevaba llameando desde hacia rato, pero ahora era un incendio, lenguas de fuego me recorrían, y solo había un escape a ese fuego que tanto me gustaba, y que siempre tenia.

--Ven. —dijo Emmett metiendo sus manos debajo de mi, para levantarme, me puso sobre el, sin salir de mi y sin dejar de hacer fricación entre nosotros, al estar encima de el lo notaba mas dentro de mi, el siguió liderando el movimiento, asta que ya no pudimos mas ninguno de los dos, y estallamos, haciéndonos volar asta nuestro cielo.

--¡¡¡¡Emmett!!!!—grite gimiendo, echando hacia atrás mi cabeza y agarrándome a el con mis brazos en su cuello.

--¡¡¡Stella!!!!—gruño el, llenándome de su liberación, su calida vida, dejándolo exhausto, y jadeante, al igual que a mi. Lo abrace y el hundió su rostro en el hueco de mi cuello, recuperando la respiración, manteniéndome abrazada a el, y dentro de mi. —Mi diosa, mi deliciosa Diosa. —me dijo besando mi cuello, tras recuperar su respiración.

--Creo que are más a menudo ese tipo de bailes. —dije yo, suspirando, el rió, haciéndome temblar con su risa.

--No puedo negarte que el baile tiene su parte de culpa.—reconoció, alzando su rostro de mi cuello.—Otra parte de culpa, la a tenido tu atuendo, y la forma de morderte el labio al hablarme.—me dijo con mirada ardiente ante el recuerdo, sonreí.--¿Por que nunca te has mostrado así antes? Parecías una gata, femenina, sexy y frágil, esas tres cosas en una mujer me vuelven loco, mi amor.

--Nunca me mostré así, por que cuando lo hice, tuve bastantes problemas, así que decidí esconder esa parte, y solo la sacaba cuando venia a España, aquí, donde me sentía segura de que nadie me aria nada. —le dije, recordando el día que me rodearon unos hombres, que no tenían muy buenas intenciones.

--¿Que te ocurrió?—pregunto tumbándonos, saliendo de mi y atrayéndome a su pecho, rodeándome con sus brazos, dejándome escuchar los latidos de su maravilloso corazón.

--Iba por la calle, sola, en aquel entonces esa faceta mía seguía en mi, sin ser ocultada, estaba andando por una de las calles de la ciudad, estaba oscureciendo. En unas de las calles mas estrechas de por donde iba, fui rodeada por unos hombres que no tenían buenas intenciones que se diga. —le conté estremeciéndome ante el recuerdo.

--Stella. —dijo asustado, negué.

--No paso nada, por suerte Dom, Edward y Jacob, venían a buscarme, y al verlos pasar chille. Aquellos hombres salieron corriendo, pero ellos, los atraparon, Jacob se desquito un mosqueo que tenia y después los entregaron a la policía. —le conté, el suspiro y me abrazo con mas fuerza.

--No me habías contado esto, no confías. —dijo triste.

--Por supuesto que confió en ti, pero es algo que desde que ocurrió e deseado olvidar, durante un buen tiempo tuve miedo a los hombres, me sentía indefensa estando cerca de uno.—le dije al borde de las lagrimas.

--Ya no tienes por que ocultarte y temer, estoy aquí para protegerte, amarte y cuidarte. —me dijo besando mi cabello.--¿Te di miedo yo al principio?—pregunto preocupado.

--En ese momento hacia bastante que había pasado, pero aun sentía algo de nerviosismo estando cerca de hombres desconocidos, pero cuando estuve cerca de ti, no lo sentí. Estaba tranquila, no me asustabas, no te tenía miedo. Solo había tranquilidad y seguridad en mí cuando estaba contigo después, como la primera conversación en el porche. —le confesé.

--Nos ayudamos el uno al otro, mi amor. —me dijo haciendo que alzara el rostro, lo mire y sonreí, era cierto. —Tú me ayudaste a confiarle nuevo en una mujer, destruiste un muro que yo mismo había creado y me enseñaste lo que era el amor.

--Me ayudaste a sentirme segura con un hombre, a no temerles. Me enseñaste cuan maravilloso era el amor de un hombre a una mujer. —le dije, el sonrió y me beso. Pasamos un rato hablando, abrazados, teníamos sueño pero no podíamos dormirnos, por algún motivo, me era imposible dormir. Presentía una mala noticia o algo por el estilo. Emmett suspiro y me abrazo con más fuerza.

--No te e contado nada y ya lo presientes. —me dijo el con voz seria, me tense, alce mi rostro a el y lo mire preocupada. —Me gustaría decirte algo, pero si te digo la verdad temo tu reacción. —me confeso, pasando sus nudillos suavemente por mi mejilla.

--Emmett, me estas asustando. —le dije mirándolo, el asintio.

--Siempre e tenido un sueño, que me gustaría cumplir. —me confeso el, sus ojos brillaban de emoción de solo pensar en ese sueño, asentí. —Stella, me gustaría ingresar en el ejército. —me dijo, mis ojos se abrieron en sorpresa,  preocupación, miedo. Si el ingresaba, se iría lejos, su vida correría peligro, podrían… matarlo. Solo de pensarlo me mataba a mi, el era mi vida.

--El ejercito, guerras, muerte. —dije estrangulada, dejando caer algunas lagrimas, ante el solo pensamiento de que eso le pasara.

--No es precisamente así, mi amor. —me intento tranquilizar. —Es un sueño que quiero cumplir desde pequeño. —me dijo bajito, reafirmando su petición.

--Yo… yo. —dije y deje correr libres las lagrimas, el me abrazo, me atrajo mas cerca de su pecho y me abrazo intentando calmarme. Tarde bastante en conseguir calmarme lo suficiente, para que el me pudiera hablar de nuevo.

--No iré si es lo que tú quieres. —me dijo, pero pude ver sacrificio en su mirada, el sacrificar su sueño, por mi. Me alegro que me lo propusiera, no puedo mentir, pero me dolió ver esa mirada llena de dolor ante el sacrificio de su sueño desde niño. Salí de sus brazos, y me senté en la cama, cogiendo su camiseta y poniéndomela, el se sentó y me miro algo triste.

--Nunca impediría que cumplieras un sueño, Emmett. —le dije, calmando mi voz, asustada ante lo que iba a decirle. El iba a replicar, pero alce una mano para callarlo.—Escúchame, por favor.—le pedí, el asintio.—No te voy a negar que solo el pensamiento de que te ocurriera algo, me mata, me deja sin vida, pero de igual forma me mataría el verte triste por no poder cumplir tu sueño. Cúmplelo, ve al ejército. —le dije sintiéndome romper por dentro, sus ojos se iluminaron, y su rostro los acompañaron, dándome una radiante sonrisa.

--Gracias mi amor, muchísimas gracias. —me dijo y me abrazo. —Prometo que me cuidare, y que te escribiré todos los días. —me dijo animado, sonreí entre lagrimas. —Pídeme lo que quieras, a cambio de dejarme ir. —me dijo poniendo sus manos en mis mejillas.

--Vuelve con vida. —le pedí llorando. El me abrazo.

--Lo are, te lo prometo.—me aseguro, rodee su torso con mis brazos, y inspire hondo su aroma.—Antes de irme me gustaría hacer algo.—me pidió, asentí.—Quiero que seas Stella Cullen de Swan, antes de que me vaya.—dijo el susurrándome al oído, jadee.—Dentro de una semana cumples tu mayoría de edad, podemos celebrar la boda, en verano, así cuando yo me marche, tu ya serás señora de Swan.—me dijo abrazándome, nuevas lagrimas recorrieron mi rostro cuando me dijo eso, ser la señora de Emmett Swan, su esposa, no su novia, no, su esposa. Eso me hacia inmensamente feliz, pero era aplacado por el echo de que el se iría, se marcharía lejos y su vida correría peligro.

--Hablas de irte después de la boda ¿Cuando?—le pregunte triste, el suspiro.

--Después de la luna de miel, quince días después de la boda.—me dijo Emmett, en un suspiro, reprimí el sollozo y las lagrimas, se iría antes de lo que pensaba.—Stella, no me voy solo.—me dijo de sopetón, alce mi rostro y lo mire confusa.—Edward, Jasper y Jacob, también se han alistado.—me confeso, suspire.

--De Edward y de Jasper, podía esperarlo, los dos adoran las cosas del ejercito, me sorprende de Jacob, eso a el no le gusta precisamente. —dije triste, nos quedaríamos solas, sin ellos durante mucho tiempo. —Te extrañare a horrores, mi vida. —dije abrazándolo.

--Y yo a ti, me sera muy duro los cuatro años. —me dijo como si nada.—Cuatro años sin verte, eso sera un infierno.—aseguro, yo no podía decir nada, estaba en shok, cuatro años, cuatro largos años sin verlo, abrazarlo, besarlo, tocarlo, sentirlo a mi lado, notar sus brazos a mi alrededor, sin escuchar su corazón en mi oído al despertar juntos. Iba a ser un infierno.

--Sera un gran infierno. —le puntualice, seria, el asintio.

Después de esa conversación, empezamos a vivir las cosas, con mas intensidad, el se iría, y no nos veríamos durante cuatro largos años. El hecho de casarnos, me alegro muchísimo, en poco mas de tres mese seria la señora de Swan, la esposa de Emmett Swan, se me llenaba la boda de orgullo cuando lo decía para mí, cuando estaba a solas. Mis padres, ya sabían las noticias, los ingresos de los chicos en el ejercito, y las bodas, si las bodas, le de Alice, la de Rosalie, la de Bella y la mía, yo era la ultima en cumplir los dieciocho, era la pequeña de la familia, así que conmigo se cerraba el circulo, haríamos cuatro bodas, en los próximos tres años, decidimos hacerlas dobles, Bella y yo, en una boda, y Rosalie y Alice, en otra. Alice ya había empezado a mirar vestidos de novia, tarjetas de invitación, y eso que solo había pasado una semana desde que lo dijimos, sip, ya había cumplido mi mayoría de edad, y no había salido de adolescente, cuando me iba a meter a ser esposa, pero era un salto que daba gustosa y radiante de felicidad, me casaba con el hombre que siempre amaría, y seria la mujer mas feliz del mundo cuando diera el si quiero en la iglesia. Mi interior ere un caos, estaba feliz, por mi boda con Emmett, pero estaba tremendamente triste por su marcha al ejercito, primero harían el año de preparación, para luego convertirse en soldados de nuestro país, en militares duros y fríos, eso era lo que también me preocupaba, que mi Emmett cariñoso, dulce y sensible no volviera, que sus ojos tiernos se volvieran fríos, temía mucho que su personalidad cambiara. Había estado echando cuentas, y vería a Emmett cuando este tuviera ya sus veintitrés años, nos perderíamos un montón de cosas juntos, los cumpleaños, los aniversarios, las navidades, y muchas cosas mas, como el, que se perdería el nacimiento de la hija de Dominic y Leti, la pequeña Stella, pero de eso me encargaría yo que la conociera, aunque fuera por foto. Emmett, me había dicho que fuera a la universidad, y que me sacara la carrera que yo quisiera, y ya sabia cual, me sacaría la carrera de medicina, como mi padre, ya había enviado la solicitud, a la universidad, Emmett me obligo a hacerlo, si sacaba todo bien, terminaría de estudiar con veintidós años, justo cuando Emmett volviera a casa. Mi padre no entraba en si de gozo, ante la idea de que yo fuera medico como el, seria una buena cirujana como lo era mi padre, e intentaría superarlo. Ya nos encontrábamos en casa, California, estábamos revisando el correo que había llegado en nuestra ausencia, cuando vi una carta un tanto extraña, Emmett estaba conmigo, cuando la abrí, venia a mi nombre, en ella me decía que tras la muerte de los señores, Cleivison, había heredado, toda su fortuna y propiedades. Los señores Cleivinson eran una pareja de ancianitos, muy amables que siempre que podía iba visitarlos, desde pequeña, sus familiares no los cuidaban y no iban a verlos, solo fueron cuando se enteraron que era ricos, desde entonces iban casi todos los días a verlos, pero solo por el interés, a ellos no les había dejado nada de su herencia, solo una pequeña casita en la playa, en Río de Janeiro, lo demás era todo mío. La sorpresa de la carta no fue nada cuando escuche el motor de varios coches aparcar en la entrada de la casa, mire a Emmett y los dos nos asomamos, cuando vi el Aston martin, el Ferrari, y porsche, casi me caigo. Los hombres que habían traído los autos, me dijeron que los señores, Cleivinson, los compraron dos semanas antes de su muerte y que también eran míos. Le pedí a mi padre, consejo sobre que hacer y el me dijo que para esos señores era como una nieta, y que no tenia por que sentirme mal por aceptar esa herencia, por lo que la acepte, solo tenia que hacer los tramites para que el dinero fuera cambiado a mi cuenta, y las propiedades a mi nombre, ero también al de Emmett, si esto era mío, también era suyo, iba a ponerlo a su nombre pero no me dejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No al plagio.

Unete a la lucha contra los plagios.


¡No al plagio!
¡Unete!