Bienvenid@s al Blog BloodMoon.
Entrar y curiosear. Los Fanfics de romance paranormal, de aventuras, de amor y misterio, divertidos, llenaran el blog para todos los gustos. Algunos Fanfics, seran originales, otros tomaran prestados los personajes de libros famosos. Espero que se lo pasen bien ^^
Att: Bloodcristal.

20 noviembre 2011

Capitulo 38: Señora de Swan.

Las semanas transcurrían entre el instituto, y los preparativos de las bodas, Alice y yo ya habíamos visto que vestido llevaría yo, y e de decir que llore cuando me lo vi puesto, era precioso, totalmente blanco, con el corpiño en palabra de honor, y después la falda caía en una cola preciosa redondeada, era de seda, y era absolutamente precioso. También habíamos preparado Emmett y yo nuestros botos de matrimonio, y el ya se había encargado de las alianzas, dos símbolos que nos unían y simbolizaban nuestra unión y amor. No me había dejado verlas, por mas que le rogué, suplique incluso persuadí, nada no hubo forma de ver los anillos. Ya todo el mundo sabia que todos nosotros nos casábamos, por lo que fue algo difícil, eso de ir al instituto, teniendo las miradas de todos en nosotros, pero me gustaba ver las caras de envidia en las chicas, Emmett seria, Mi esposo, Mi marido, solo MIO. Posesivo, ya lo se, pero por eso no es menos cierto. Los meses pasaron, dejándonos a solo dos semanas de la boda, ya había terminado el instituto, y todos salimos graduados, con honores. Los preparativos de las bodas, estaban totalmente listos, todo perfecto y en su sitio, invitados, buffet, recepción, todo, la primera boda seria la de Rosalie y Alice, un día antes que la de Bella y mía, así podríamos estar todos en las bodas de todos. La boda de Rosalie y Alice, fue preciosa, muy estilo Rose, pomposo, a lo grande, en muchos sentidos, pero una maravilla de ceremonia. Solo quedaba la de Bella y mía, para terminar esto, los nervios, las emociones, todo estaba a flor de piel, ese día Emmett y yo no dormimos juntos, y eso lo note, no pude dormir muy bien que se diga, pero merecía la pena, me casaría con el hombre que mas amare en este mundo. Bella y yo nos preparamos en casa, y Emmett y Edward, en casa de un amigo nuestro, Alice y Rosalie, nos ayudaban a maquillarnos y demás, con los peinados, los maquillajes, pero antes que todo eso, pulieron cada parte de nuestro cuerpo, sacándole brillo con cremas, haciéndonos la manicura y la pedicura, las cejas, la verdad es que se lo estaban pasando de miedo las dos, pero no me queje, estaba muy metida en mi mundo mágico como para que se estropeara por algo tan insignificante como eso, mi mundo feliz, junto con Emmett. Y llego la hora, el momento, solo tenia que entrar a la iglesia, para convertirme en la mujer más feliz de este mundo. Mi padre nos llevaba a Bella y a mi una en cada brazo, empezó a sonar la música y nuestro camino a la dicha comenzó. En cuanto entre en la iglesia, mis ojos se toparon con dos ojos azules, brillantes de felicidad, Emmett se encontraba al pie del altar, sereno, sonriente, expectante. Tuve que hacer acopio de todo mi autocontrol para no ir corriendo a sus brazos, era demasiado, estaba abrumada. Felicidad, dicha, emoción, nervios, todos esos sentimientos me estaban comiendo por dentro, pero todos se fueron, cuando mi padre paro, enfrente de el, cogio mi mano y la poso encima de la suya.

--Cuidarlas.—les dijo mi padre emocionado a Edward y a Emmett, ellos asintieron serios, y tomaron nuestras manos, su toque, solo su toque me había calmado, pero duro muy poco, solo el tiempo para darnos la vuelta, encarando a sacerdote. El cura ofreció la misa anterior al enlace, dejándonos deseosos de que terminara con el sermón y fuera a lo importante, podía notar el nerviosismo de Emmett, al igual que el mío propio por que terminara. Y por fin llego lo importante.

--Emmett Swan, aceptas a Stella Cullen como tu esposa para amarla, y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en las riquezas y en las pobrezas, todos los días de tu vida. —cito el cura, serio, mirando a Emmett.

--Si, quiero. —dijo sereno, sin una pizca de temor en su voz, sin rastro de nerviosismo. Cogio la alianza, de encima de la Biblia y me lo coloco, con una sonrisa.

--Stella Cullen, aceptas a Emmett Swan como tu esposo para amarlo, y respetarlo, en la salud y el la enfermedad, en las riquezas y en las pobrezas, todos los días de tu vida. —volvió a citar el sacerdote, mirándome a mi, las lagrimas en mi rostro, la mariposas en mi estomago, todo eso impedía que hablara, pero no hoy.

--Si, quiero. —dije sin miedo, cogi su alianza y se la puse, con una enorme sonrisa, nos giramos al sacerdote y lo miramos. Después les tocaba a Edward y Bella, pero Em, y yo, ya estábamos casados, éramos marido y mujer, su mujer. Me encantaba como sonaba, pero me gustaba mas como sonaba mi nombre, Stella cullen, de Swan. La señora de Emmett Swan.

--Edward Anthony Cullen, aceptas a Isabella Marie Swan, como tu esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en las riquezas y en las pobrezas, todos los días de tu vida. —le dijo el cura a Edward, serio, mientras le tendía la Biblia con el anillo, el lo cogio y lo coloco cerca del dedo de Bella.

--Si, quiero. —dijo deslizándolo en su lugar.

--Isabella Marie Swan, aceptas a Edward Anthony Cullen, como tu esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en las riquezas y en las pobrezas, todos los días de tu vida. —cito nuevamente el cura, ella cogio el anillo y deslizándolo mirándole a los ojos.

--Si, quiero. —juro, emocionada. Sonreí a más no poder.

--Yo os declaro marido, y mujer. Que lo que a unido Dios, no lo separe el hombre.—dijo haciendo una cruz en nosotros, miro a Emmett y a Edward y con una sonrisa y les dio permiso.—Podéis besar a las novias.—Emmett, poso sus manos en mis mejillas y acerco su rostro al mío, con tranquilidad, siendo dulce, y tierno, al posar sus labios en los míos, no hubo nada mas en el mundo, solo Emmett y yo, sus labios, sus manos en mi, solo el, existía, el ritmo fue suave, delicado, escuchamos los aplausos de la gente los silbidos, pero solo cuando sus labios dejaron los míos. Al mirarlo los vi todo tan claro que desde ese instante sabia que yo había nacido para ser de el. Sonreímos, llenos de felicidad, y nos volvimos a besar.

--Te amo. —le dije después de sepáranos, el sonrió.

--Te amo.

Después de la boda, llegaron las felicitaciones, y las fotos, el arroz mezclado con pétalos de rosas rojas y blancas, y después de eso, la recepción, para después irnos de luna de miel. Emmett y yo, nos iríamos a Hawai, Emmett quería estar allí durante dos semanas, después el se iría junto con Edward, Jasper y Jacob. En la recepción, fue todo maravilloso. Hicimos el baile de inauguración, el tradicional vals, cortamos la tarta con la espada, tire el ramo de flores, y Emmett quito la liga de mi muslo con los dientes, todo fue magnifico, espectacular, increíble. Me hicieron un montón de fotos, me abrazaron y besaron las mejillas tantas veces que yo no sabia como es que seguía entera, baile con mi padre, con Edward, Jasper, Jacob, con Nazhan y Kevin, que había venido a la boda, con Dom que también había venido, estaba pletórica de felicidad, llego el momento para que todos los recién casados nos marcháramos de luna de miel, nosotros iríamos a Hawai, Bella y Edward había querido irse mejor a la islita de mama, Rosalie y Jacob se irían a Tahití, y Jasper y Alice, de crucero por Grecia, nos cambiamos en dos habitaciones que habíamos reservado en el hotel de la recepción, una habitación para ellos, y otra para nosotras, agradecí de sobremanera cuando me quitaron todas las orquillas del cabello, mientras yo miraba mi mano izquierda, mi dedo anular, donde descansaban mis dos anillos, el de compromiso y la alianza de mi matrimonio, los dos hermosos, los dos símbolos de eterno amor. Mi madre, Leti, Angela y mi tía, nos ayudaron a cambiarnos en otras ropas, algo mas cómodo y casual, pero igualmente íbamos bonitas, no tardamos mucho en terminar de prepararnos, mi madre y Leti, no habían dejado de llorar durante todo el tiempo, parte de la boda, pero en eso no podía decirles nada, yo misma había estado llorando. Nos abrazaron a las cuatro, llorando para después besarnos las mejillas, mi madre había casado a todos sus hijos en dos veces, y aunque no nos mudáramos nosotras, sabía que en cuanto nuestros maridos volvieran saldríamos de la casa familiar. Salimos fuera de las habitaciones, y bajamos a la entrada donde nos esperaban nuestros esposos, nuestros cuatro hombres, mi hombre. Nos despedimos de todos nuevamente, para luego irnos en cuatro coches, el Astón martin, el Ferrari, el porsche y el audi, todos decorados, para llevarnos al aeropuerto, todos ellos siendo conducidos por familiares, en nuestro coche iba Dom al volante, el mismo había querido ser nuestro breve chofer. El viaje a Hawai, fue en primera clase, fue tranquilo y agradable, al lado de Emmett, estaba tranquila, feliz, dichosa, no había mujer más feliz en el mundo que yo. Llegamos a Hawai, con un clima increíble, calido y muy agradable, por suerte me habían vestido con un vestido en rojo palabra de honor con un cinturón en la cintura elástico en negro, iba fresquita y muy mona. Una chica nos coloco a Emmett y a mi una baranda de flores al cuello, era un collar de flores tropicales, el típico hawaiano. Emmett cogio mi mano y la beso, para luego abrazarme desde atrás y apoyar su barbilla en mi hombro, yo gire mi rostro y bese su mejilla, nos encontrábamos en la terraza de nuestra habitación, la vista daba a la playa privada del hotel, de aguas turquesas, cristalinas, y todo era agua caliente y arena suave, privacidad, y exclusividad, nuestra terraza, privada contaba con una piscina y una jacuzzi, como de una enorme habitación con una gigantesca cama de matrimonio, en blanco, un cuarto de baño, increíble, con bañera y ducha, al igual que una pequeña sauna, era todo grandioso, teníamos nuestro mini bar, un pequeña neverita, televisión, aunque no la veríamos mucho. Seguíamos contemplando esa preciosa vista cuando una pequeña brisa nos envolvió a los dos. Atrayendo el olor a sal del mar.

--Creo que va siendo hora que la señora de Swan, se me entregue. —me dijo al oído, me reí suavemente.

--¿Y que le hace pensar eso señor Swan?—le pregunte siguiéndole el juego.

--Me lo hace pensar el que eres mi esposa, y que deseo tenerte. —me dijo besando mi cuello, sonreí.

--Entonces demuéstrame cuanto me deseas, teniendo un poquito de paciencia. —le pedí, volteándome, el me miro suplicante.

--¿Por que?—se quejo, sonreí.

--Porfi. —le pedí, el suspiro y asintio besándome, con pasión, dejándome sin aliento casi.

--Una sorpresa. —adivino, le sonreí de forma traviesa.

--Voy a mostrarte a una autentica gata.—le ronronee al oído, el jadeo, y asintio, le bese la mejilla y camine hacia mi maleta, cogiendo un conjunto que llevaba tiempo queriendo ponerme, me fui al baño, y me di una rapidísima ducha, para luego secarme, mi pelo lo había recogido para que no se me mojara, me empecé a poner el conjunto, el corsé, negro y rojo, mi culot, ya que el mismo Emmett me había dicho que no le gustaban los tangas, el liguero, y después las medias, negras, asta mitad muslo, cuando acabe, me mire al espejo de cuerpo entero y me puse una batita de seda roja. Tocaron a la puerta del baño.

--Mi amor, vamos, que ya no aguanto mas. —me dijo el con suplica, me reí suavemente para que no me escuchara, empecé a abrirla puerta y el estaba sentado en el borde de la cama a los pies, con su mirada fija en el suelo.

--Impaciente. —le acuse sonriendo, el me miro y se levanto.

--Por tenerte.—se defendió, rodeo mi cintura y me beso, paseando su lengua por mi labio inferior, le di acceso y acaricie su lengua con la mía, para después el mismo ir terminando el beso, al hacerlo, se separo un poco de mi, pero sin soltar sus manos de mi cintura.—Me da a mi, que ese que llevas es muy distinto al de aquella noche.—dijo el, estaba deseoso de quitarme la batita y lo sabia, yo misma deseaba que me la quitara.

--Sip, es distinto, mas felino diría yo. —le dije acariciando sus brazos, subiendo asta sus hombros y después bajando mis manos por su pecho. El empezó a desatar el cinturón, dejando que la tela se fuera deslizando por mi cuerpo, jadeo cuando me vio.

--Tú quieres matarme con estos conjuntos. —me acuso con voz estrangulada en deseo, sonreí.

--Solo te quiero matar a lametones, mi amor. —le repetí lo de la otra vez, el gruño y termino de quitar la batita de mi cuerpo, sacándola de mis brazos para tirarla al piso, cogerme por la cintura y hacerme enrollar mis piernas en su cintura.

--Bien, entonces podemos empezar con mi muerte a lametones. —acepto, mientras nos guiaba asta la cama, yo mientras besaba su cuello, acariciaba sus hombros, su espalda. —Creo que no dormiremos hoy. —dicto el, me reí y seguí con su mandíbula, besándolo para después lamerlo asta el lóbulo de su oreja. Su brazo estaba en torno a mi cintura, manteniéndome pegada a el, mientras su otra mano agarraba mi muslo, sus labios pasearon por  mi hombro, besándolo, para después morderlo.

--Pobres huéspedes del hotel. —dije yo contra su cuello, Emmett rió, y asintio, se sentó en la cama, y yo aproveche para quitarle la camiseta, y seguir besándolo, haciendo que se tumbara.

--No me tortures mucho. —me pidió, reí suavemente, y alce mi mirada a el, mientras besaba su abdomen.

--¿No que decías que estabas listo para tu muerte a lametones?—le pregunte lamiendo debajo de su ombligo, el soltó un pequeño gemido.

--Y lo estoy, solo que quiero saborearte a ti primero. —me dijo sonriendo de forma traviesa. Mis manos fueron desabrochando sus pantalones, mientras mis labios besaban su cadera.

--Después, ahora es mi turno. —dije y le di el primer lametón, lento y suave a su masculinidad, mientras el jadeaba y alzaba un poco su cadera para terminar de bajar del todo su ropa, pantalones y bóxer, dejándolo desnudo. Seguí lamiéndolo, asta que finalmente abarque todo lo que podía de el en mi boca, teniendo cuidado con mis dientes para no dañarlo, moviendo mi cabeza arriba y abajo, Emmett, jadeaba y gemía, con su respiración entrecortada, mientras se dejaba hacer, no le quedaba de otra.

--Wow… Stella. —gimió, cuando noto mi lengua en la punta, alce mi mirada a el, y vi su cara de satisfacción, de placer. Seguí haciendo que disfrutara, asta que el no pudo mas y me lo dijo. —Stella… ya. —dijo y pare, sacándolo de mi boca, lamiéndolo, asta la punta. Cuando su grandísima masculinidad, estuvo fuera de mi boca, lamí mis labios, ante su mirada, el gruño y se incorporo, sentándose, para ponerme sus manos en mi rostro y besarme, pasando el la punta de su lengua por mi labio inferior, no le deje entrar y el gruño, con disconformidad, entreabrí mis labios y metió su lengua en mi boca, acariciando mi lengua con la suya, mientras sus manos bajaron de mi rostro a mi cintura, trayéndome hacia el. Al separar nuestros labios, sonreí de forma traviesa y el me devolvió la sonrisa, bajando su mano por mi cintura a mi cadera y luego mi muslo, haciendo que me estremeciera.

--Mi turno. —dijo el, me agarro y nos volteo en un momento, quedando yo echada en la cama, el gruño, mirando al corsé, me reí.

--Es más fácil de lo que crees. —le asegure mirándolo, sabia que se estaba quebrando la cabeza de como quitarme el corsé, el me miro, cogi su mano y la puse en la parte baja del corsé, por delante, el noto los cierres, y sonrió. Empezó a desabrocharlos, mientras me besaba el cuello. Cuando sus manos consiguieron desabrochar del todo mi corsé, me lo quito, incorporándome, mientras su boca capturaba uno de mis pezones, esa era la parte que mas le gustaba a Emmett, siempre que me hacia suya, cada vez que lo hacíamos, siempre jugaba con mis pezones, pero es que no los soltaba asta que no terminábamos. Su lengua jugaba con uno de mis pezones, mientras sus manos me acariciaban.

--Te quiero completamente desnuda. —gruño el entre dientes, gemí. Sus manos se estaban ocupando de sacarme asta la ultima pieza de ropa, que llevaba puesta, primero el corsé, después el liguero, las medias, y finalmente el culot.—Por fin mi manjar.—dijo el cuando me hubo quitado el culot y hubo hundido su cabeza entre mis piernas. Gemí alto, cuando note su juguetona lengua en mi sensible botoncito y dos de sus dedos en mi interior.

--¡¡Oh Dios… Emmett!—medio chille en un gemido, al notar como su lengua acariciaba mas rápido esa parte tan sensible.

--Siempre tan exquisita. —murmuro y volvió a pasar su lengua por mi botoncito, pero esta vez siguió subiendo, la parte baja de mi vientre, mi ombligo, mi vientre, el centro de mis pechos, mi cuello, la barbilla, para que sus labios acabaran en los míos. Su lengua paseo por mi cuerpo, teniendo como destino mis labios. Al notar sus labios en los míos, saque la punta de mi lengua y los lamí, saboreando cada milímetro de sus deliciosos labios, mientras me besaba empezó a entrar, suave, lento, algo raro cuando estaba tan excitado como ahora. Separo sus labios de los míos y los poso en mi oído. —Mi preciosa… Diosa… Mi Vida… Mi Alma… Mi Cuerpo… Mi Mente.—fue diciendo, mientras me hacia suya, pase mis brazos por su espalda, para abrazarlo, algunas lagrimas se estaban escapando de mis ojos, delatando la tristeza de que esta luna de miel, fuera una despedida, por cuatro años.—Mi Fiel Esposa.—dijo y beso mi cuello, las lagrimas seguían escurriendo por mi rostro mientras besaba el hombro de Emmett, paseaba mis manos por su espalda, sus hombros, su pecho, su abdomen, los costados, para después subirlas asta sus mejillas y atraerlo a mi, posando mis labios en los suyos.

--Te amo.—le dije al separar nuestros labios, Emmett me miro y sus ojos estaban igual que los míos, con lagrimas, tristes, pasionales, amorosos, y eso solo hacia que yo estuviera peor, no le vería por cuatro años, se jugaría la vida durante cuatro años.—Lo eres… todo… para mi… Mi Aire… Mi Luz… Mi Cielo… Mi Luna… Mi Delirio. —dije arqueado levemente mi espalda, estaba por terminar, y no yo sola el igual, el fuego que siempre sentía, estaba ahora, pero mucho mas firme que antes, mas denso, mas permanente. Emmett hundió su rostro en el hueco de mi cuello, para darnos a los dos el vuelo al cielo, juntos, abrazados, necesitándonos mas que nunca, chillando nuestros nombres.

--¡¡¡Emmett!!!!

--¡¡¡Stella!!!!

Esa fue la primera de muchas veces, que fui de el, durante las dos semanas que estuvimos de luna de miel, siempre fueron lentas, suaves, sintiéndonos el uno al otro por completo, amándonos, llenándonos de las cosas del otro, el tacto de nuestra piel, el aroma natural de nuestros cuerpos, los rasgos de nuestros rostros, las caricias de nuestras manos en el cuerpo del otro, lo queríamos tener todo totalmente grabado, tenerlo a fuego en nuestras mentes, no queríamos olvidarnos de nada. Las dos semanas pasaron demasiado deprisa, un día estábamos en la playa, y al otro en su habitación, preparando su equipaje, para que se marchara en dos días. La familia nos dejaba tiempo a solas, sabiendo que seria muy duro para  nosotros. Todos los demás ya habían vuelto también, Bella, Alice, Rosalie y yo, la primera noche que pasamos en casa, salimos al porche, y nos pusimos las cuatro a llorar, fue muy duro, ese día, un día menos, solo quedaba el siguiente para que ellos se fueran, para que arriesgaran sus vidas. El ultimo día que estuvimos juntos, fue el peor de todos, tenia veinticuatro horas, para estar con mi marido, con Emmett, mi amor, mi vida, y seria mi muerte si le pasara algo, solo de pensar en eso me producía sollozos, y un dolor inmenso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No al plagio.

Unete a la lucha contra los plagios.


¡No al plagio!
¡Unete!