Nos dirigimos al coche de Emmett, para irnos al prado, ya estábamos en diciembre y hacia frió, pero en California siempre hay días soleados y calidos en cierta forma como era el caso de hoy. El camino hacia aquel precioso lugar transcurrió en silencio, Emmett estaba pensativo y yo no quería interrumpir sus pensamientos, por lo que me mantuve callada. Finalmente vi la entrada al sendero que conducía a ese mágico lugar, y e de decir que el invierno no lo había estropeado, mas bien lo había mejorado. Seguía igual de hermoso que siempre, salvo que ahora lucia con los colores típicos del invierno, los marrones, y el blanco de la nieve que callo no hace muchos días atrás. En cuanto el coche paro, Emmett y yo saltamos del coche, cogiendo nuestros abrigos, para no resfriarnos. Al llegar al centro del claro, Emmett me abrazo, y yo suspire de felicidad, al mismo tiempo que volvía a recordar aquel día en este hermoso lugar.
--Me trae recuerdos este lugar. —musito Emmett sacándome de mis pensamientos, alce mi rostro y asentí sonriente. —Ese día pensando que me extralimite, y tu me pusiste en mi lugar. —recordó poniendo su frente en la mía.
--No te extralimitaste, mi amor. Créeme que yo era la que mas ganas tenia de que continuaras. —le confirme sonriendo ante el recuerdo de sus besos por mi vientre y mis costados.
--¿Sabes? aun me pregunto a que venia esa sonrisa tuya, mientras me acariciabas el brazo. —me confeso, yo reí, y negué, no quería contárselo. —Dímelo. —dijo caprichoso.
--No. —dije riéndome, el me soltó y se fue hacia un árbol caído que había cerca a sentarse medio enfurruñado, le seguí y me quede de pie delante de el, me acerque mas y pase mis brazos por su cuello.--¿Hacemos un trato?—le sugerí, el asintio. —Yo te cuento el porque de mi sonrisa y tú me dices eso que me tenías que decir ayer.
--¿El que?—pregunto curioso.
--Ayer me dijiste "Stella tengo que decirte dos cosas y se que me odiaras por la primera". —le recordé, el asintio. —Quiero saber la otra cosa. —le pedí, sus ojos brillaron esperanzados y asintio dándome una pequeña sonrisa.
--Tu primero.--incito, suspire y asentí.
--Recuerdo que estabas tumbado sobre tu espalda con tu torso desnudo, y yo estaba sentada a tu lado acariciando los músculos de tu brazo con las yemas de mis dedos, tu rostro tenia una sonría y en parte me pareciste un gatito, la sonrisa llego cuando pensé que solo te hacia falta ronronear. —le confesé besando su nariz.
--Con que un gatito, ¿Eh?—dijo divertido levantando una ceja.
--Bueno también te podía comparar con un osito, pero debería de ser uno de los ositos amorosos. —le dije riéndome, el se rió conmigo y me abrazo fuertemente contra el.
--Mi amor, prefiero ser un oso a un gato. —dijo sonriendo, asentí en de acuerdo con el.
--Entonces, mi osito. —dije y le bese los labios suavemente. —Y ahora yo te e contado, tu turno. —le dije sin demorar el se echo a reír ante mi impaciencia.
--Se que aun somos jóvenes, pero ya solo queda que termine el instituto en verano para que terminemos por siempre las clases y así poder ir a la universidad. —me dijo para iniciarme en lo que quería decirme, asentí. —Por eso y por que es lo que quiero, quería pedirte algo. —asentí. —Vuelvo a repetirlo, solo es para yo mismo, estar mas tranquilo. —dijo y me cargo en su regazo, le pase un brazo por detrás del cuello y lo mire intrigada, el me sonrió de forma traviesa. —Pero, tendrás que buscar lo que es tuyo. —me dijo animado, levante una ceja.
--¿Y por donde debo buscarlo?—le pregunte siguiéndole el juego.
--De cintura para arriba. —me dijo el divertido, le sonreí y me levante haciendo que el también lo hiciera, una vez de pie empecé a buscar lo que debía encontrar.
--Dame una pista de lo que es. —le pedí buscando en uno de los bolsillos de su cazadora.
--En cuanto des con el, sabrás que te pertenece. —me dijo acunando mi rostro entre sus manos y rozando sus labios con los míos un momento. Seguí buscando por sus bolsillos asta que finalmente metí la mano en el bolsillo del interior de su cazadora, el que estaba más próximo a su corazón, al meter la mano note un metal que estaba caliente por la cercanía del cuerpo de Emmett, alce mi rostro y vi a Emmett mirarme, con amor, asintio y me beso la frente, cogi el objeto con mi dedo índice y pulgar y lo saque, cuando lo vi me quede sin palabras y sin aire, mirando fijamente aquel símbolo que llevaba entre mis dedos.
--Emmett. —dije sin apenas voz, el cogio con delicadeza el símbolo maravilloso de mi mano.
--Stella ¿Aceptarías casarte conmigo mas adelante?—me pregunto sosteniendo mi mano en la suya y el anillo en la otra. Alce mi rostro con lagrimas en el, no tenia palabras pero debía decirlas, trague en seco y conseguí articular las palabras.
--Creo que no tengo voz suficiente para chillarte la contestación. —dije en un murmullo, el se puso tenso, pensando en mi rechazo. —Pero lo intentare. —dije antes de tomar aire fuertemente, le mire a los ojos y con una enorme sonrisa chille.--¡¡¡¡SIIIIIIIIIIIII!!!!—el sonrió y deslizo aquel maravilloso anillo de oro blanco con cuatro diamantes y tres zafiros, salteándose, era precioso, cuando Emmett deslizo ese símbolo de amor a mi dedo, mi corazón latía desbocado, mi estomago estaba encogido de la emoción y mis mejillas estaban mojadas de las lagrimas de felicidad que sentía en mí. El alzo mi mano y beso el anillo dulcemente, para luego mirarme a los ojos y traspasarme con su mirada de amor.
--Gracias, mi amor. —dijo y alzo sus manos para acunar mi rostro en ellas, limpiando con sus pulgares mis lagrimas mientras sus labios se apoderaban de los míos, con dulzura, alce mis manos y las puse en su pecho, sintiendo su latido en las palmas de mis manos, ya que estas se encontraban con un único impedimento de su camiseta para tocar su piel. Al separarnos sus ojos reflejaban los míos y ambos poseíamos las mismas emociones, amor, ternura, felicidad, emoción, y todas y cada una era para el otro, para la persona que teníamos delante.
--Gracias por hacerme tan inmensamente feliz. —le dije con una pequeña sonrisa en mi rostro, el inclino su rostro y me beso las mejillas.
--El que sale ganando soy yo. —afirmo el sonriéndome. —Una diosa a elegido a un simple mortal como yo, concederle el honor de ser su esposa, convirtiéndose a si, en su compañera, su amiga, su amante, y la madre de sus hijos ¿Que mas podría pedir?—dijo con devoción en su voz, eso solo hizo que con un leve sonrojo volviera a llorar. —Eres adorable con ese sonrojo cada vez que te llamo Diosa. —y eso solo hizo que me sonrojara más.
--¡¡Joo!!—me queje y escondí mi rostro en su pecho, haciendo que el se riera mientras me abrazaba por los hombros.
--Lo siento, pero es que me encantan tus mejillas sonrojadas. —se disculpo besando mi cabello.
--No me importa que me hagas sonrojar. —le afirme alzando mi rostro. —De hecho, eres el único que es capaz de hacerlo. —le confié, el se sorprendió.
--¿El único?—pregunto curioso mientras sonreía.
--Si, nadie de la familia ha conseguido sonrojarme, bueno quitando el día que papa nos dio la charla sobre sexo. —dije pensativa recordando ese día, y temblé, el rió y me abrazo.
--Pero digo yo que alguien mas aparte de tu familia de aquí lo habrá conseguido. —cuestiono. Le mire pensativa, y no se me ocurría nadie, me abrace a el, intentando pensar en si había alguien que lo hubiera conseguido y no recordaba. Después de eso estuvimos un rato hablando, el menciono el tema de la universidad, y yo le dije que a mi me daba igual a cual ir, el me dijo que tendríamos que ir a la misma, yo acepte por supuesto. Mis notas eran elevadas, todas de matricula de honor salvo una, trigonometría que era la única con notable, las de Emmett eran parecidas, y la verdad es que podía asta entrar con beca deportiva. El y Edward eran del equipo de fútbol del instituto. Eran muy buenos, tanto como para que Edward fuera el capitán y Emmett el mejor defensa del equipo. A menudo, por no decir cada partido, íbamos a animarlos, y eran muy buenos, siempre ganaban. Mi padre me había dicho que le gustaría que yo estudiara o bien derecho o medicina, dos buenas carreras, pero ninguna motivación para ellas. Medicina, solo de pensar en la sangre que tendría que ver me mareo. Y derecho, teniendo que defender a asesinos, o maltratadores, solo para ganar dinero, a mi me parece que ni aunque me lo rueguen defiendo a algún canalla como esos. Emmett se reía de mis comentarios ante las carreras que me había propuesto mi padre, pero yo solo decía la verdad. Pensé en algo relacionado con niños, o animales, pero las dos cosas que me gustarían siguen siendo algo que no podría hacer, pediatría o veterinaria, definitivamente no podría. Estuve pensando en las carreras de mis hermanos, y sabía perfectamente cual escogerían cada uno de ellos, bueno no de todos, Rosalie tampoco lo tenia nada claro, quería hacer muchas y a la vez ninguna, pero le encantaba eso de ir a la universidad, y hacer vida de universitaria, le pegaba la verdad, fiestas y chicos, bueno a ella, había que quitarle el chicos, que ya tenía a Jacob. Al pensar en ella y en Jacob me vino un impulso extraño de ver hacia el coche de Emmett, y me acorde de quien había sido el otro que había conseguido sonrojarme.
--¡¡¡Ha!!! Me acorde. —dije saltando del regazo de Emmett, el empezó a reírse tanto que se tubo que agarrar los costados, me acerque al coche y lo abrí, para coger mi móvil, que tenia un montón de fotografías de hacia tres años en España, con mi tía, mis primos y mis mejores amigos. Emmett seguía sentado en el tronco intentando recuperar la respiración tras la risa, yo cogi mi móvil y me acerque a el, sentándome de nuevo en su regazo.
--¿A que, a venido ese salto de antes?—pregunto divertido, le saque la lengua y me concentre en buscar las fotos que quería mostrarle, el me miraba curioso ante la sonrisa que se iba expandiendo por mi cara, cuando di con las fotos, tuve que reprimir las lagrimas, el se dio cuenta de mis ojos vidriosos y me abrazo.--¿Que ocurre, mi amor?—pregunto preocupado, negué.
--Nada, solo es que al ver las fotos, me ha traído recuerdos. —le dije sonriendo, el beso mis mejillas. —Antes me e equivocado, no has sido el único capaz de hacerme sonrojar. —le dije sonriendo, el me frunció el ceño.
--¿Quien?—demando curioso y precavido, le enseñe una foto que tenía en mi móvil, donde aparezco con Dom, un grandísimo amigo mío, mucho más grande que yo. Emmett vio la imagen y note la tristeza, y yo sabia por que, yo estaba subida a la espalda de Dom, rodeándole el cuello con mis brazos, pero sin estrangularlo, y le estaba dando un beso en la mejilla.
--Dominic. —le dije sonriendo.
--Tu antiguo novio. —dijo triste. Yo le mire alzando una ceja.
--No, Emmett. —le dije seria. —Yo solo e tenido un novio, tengo un novio y tendré un futuro marido y da la casualidad, y doy gracias de ello, que los tres son el mismo hombre. Dominic, es un muy buen amigo mío, y su mujer Leti, es mi mejor amiga a pesar de ser más grande que yo. —le tranquilice, el sonrió ante mis palabras y me beso. —Serás tonto te dije que nunca había tenido novio antes de ti. —le dije besándolo de nuevo, el cogio el móvil con una mano y me miro.
--¿Puedo ver las fotos que tienes?—pregunto cauteloso.
--Todo tuyo, mi amor. —dije besando su mejilla. El empezó a pasar las fotos, se reía con unas y con otras me pedía la explicación del por que habíamos echo la foto, ya que algunas eran bastante raras, cuando dio con las fotos de mi tía con mis primos y conmigo.
--¿Donde es?—pregunto el frunciendo su ceño, parecía reconocer aquella plaza.
--En Madrid, España. —le dije mirándolo fijamente, el alzo su vista a mi y su mirada de sorpresa me hizo sonreír.
--¿Conoces Madrid?—pregunto mas sorprendido aun que antes, asentí.
--No solo lo conozco como la palma de mi mano, si no que soy madrileña, mi amor. —le confesé sonriendo de puro orgullo, Emmett abrió la boca ante el asombro.
--¿Eres española?—musito en pregunta, asentí.--¿Por que no me habías dicho?—demando enfadado, le sonreí.
--Nunca me has preguntado de donde era. —le recordé sonriente.
--Eso es cierto. —acordó el. —Pero supuse que eras americana. —sonreí y me encogí de hombros con inocencia. Em me beso y volvió a ver las fotos.--¿Quienes son?
--Son mi tía y mis primos. —le dije en español, el levanto su cara a mi, y yo sonreí en disculpa por ocultarle eso también. —Lo siento.
--Me sorprende, pero me alegro de no tener que hacer de traductor. —dijo divertido ante mi cara, mis ojos se abrieron como platos al escucharlo hablar en español.--¿Algún otro idioma?—pregunto divertido.
--Portugués, pero solo lo aprendí por que si no, no me enteraba de nada cuando íbamos a Río de Janeiro. —le confesé, algo enfadada, el me miro. —Es que me costo un montón aprenderlo, y de solo recordarlo me mosqueo. —dije cruzándome de brazos, el rió y me beso los labios y volvió a la foto, paso unas fotos mas y vio la que mas esperaba que viera, para ver su cara, y no me defraudo, sus ojos se abrieron como platos alzo su mirada a mi y yo sonreía.
--Guapa, ¿Eh?—le pregunte sonriente.
--¿Y es?—pregunto mirándola de nuevo.
--Mi prima, Sandra. Aun que es tontería llamarla por su nombre, siempre la llamamos gata. —le conteste, y era normal el nombre. Mi prima era una chica guapísima, de tez pálida, y piel sedosa, cabello largo por mitad de culo y de un color castaño claro con mechones dorados, sus ojos eran de un verde claro, que a menudo se volvían turquesas, y su cuerpo era totalmente femenino, con curvas muy sugerentes para los hombres.
--Veo. —dijo pensativo.
--Oye chaval. —me puse en plan hermana protectora. —Esa niña es como mi hermana, cuidadito con lo que piensas. —dije frunciéndole el ceño.
--¿Celosa?—pregunto.
--¿De que?
--¿De que ella se fije en mi?—dijo presumido.
--La primera es que seria muy normal que se fijara en ti es una adolescente de quince años, y tú eres un hombre muy atractivo y con un cuerpo de escándalo, pero en cuanto ella supiera que somos novios, te empezaría a llamar tete, eso te lo aseguro. —dije tranquilamente.
--Veo, ¿Así que no te pondrías celosa?—repregunto el nuevamente, sonreí.
--No de mi prima, puede que si alguna de las gatitas que andan por allí te salta al cuello yo saque la fiera que llevo dentro. —le dije con tono juguetón.
--¿Marcando terreno?—pregunto divertido, le sonreí y bese en los labios.
--Marcando lo que es mío. —le dije y volví a besar, en eso que el móvil empieza a sonar, lo ignore todo lo que pude pero no me quedaba de otra que contestar, separando mis labios de los de Emmett y recibiendo un pequeño gruñido por su parte cogi mi móvil, el llevo sus labios a mi cuello y me dejo medio contestar.
--¿Hola?—pregunte algo molesta.
--Hola Kitty ¿Como esta mi prima favorita?—pregunto esa voz que tanto conocía, reí.
--Bien, muy bien ¿Y tu?—le pregunte, Emmett había empezado a besarme el cuello con mas ímpetu, para luego darme un mordisco, haciendo que me tuviera que morder el labio para no jadear.
--Bien, ¿Quería preguntarte algo?—pregunto cauteloso, me extraño el nunca estaba así.
--Dime. —pedí en voz baja.
--¿Te encuentras bien?—pregunto, si el supiera como de bien estaba, Emmett había metido sus manos en mi camiseta y estaba acariciándome la espalda, mientras besaba mi mandíbula.
--Si, dime. —le demande, presurosa por colgar.
--Quería preguntarte cuando van a venir a visitarnos, hace tres años que no nos vemos. Aunque el tío y la tía no vengan tu si, por fi. —pidió el casi rogando. Emmett había echo de modo y manera para conseguir sentarme a horcajadas sobre el, mientras levantaba mi camiseta y acariciaba mis pechos, conseguí separa el teléfono de mi rostro, a tiempo para gemir, tenia dos opciones, o hablaba con mi primo mientras gemía, cosa que no iba a suceder o me alejaba de Emmett ya mismo. Escogí la segunda opción, me deje caer hacia atrás poniendo mis manos en el suelo para salir de el con una voltereta hacia atrás bastante improvisada, cuando me levante y mire a Emmett me miraba divertido, le saque la lengua y volví al teléfono.
--¿Estas ahí?—preguntaba procurado.
--Si, tranquilo. —lo calme. Emmett se me acerco y yo le señale con un dedo advirtiéndole, pero el me miraba de forma traviesa, por lo que sabia que iba a seguir con el jueguito, como estaba cerca del coche eche a correr hacia el y entre, cerrando los seguros una vez dentro, Emmett me fruncía el ceño y yo le saque la lengua. —Vale, ahora es mas seguro, dime de que estábamos hablando Dani. —le pedí suspirando.
--¿Como que es mas seguro?—pregunto preocupado y chillando.
--No es nada de lo que preocuparse, solo de un novio muy...—y deje la palabra en el aire.
--¿Muy…?
---Muy juguetón. —dije riéndome, mi primo trago en seco y yo me eche a reír, Emmett me miraba desde la parte delantera del coche con suplica.
--Vale, no des detalles. —dijo y yo me eche a reír nuevamente. —Dime ¿vendrán?
--No lo se, pero yo si es posible que valla, ¿Cuando?, no lo se, pero iré, con Emmett. —le informe. —Cuando sepa, te llamo.
--Vale, cuídate, te quiero primita. —se despidió.
--Te quiero, loquito. —y colgué suspire y me recosté contra el respaldo del asiento. Emmett toco a la ventanilla del lado del copiloto, donde me encontraba, gire mi cabeza y le mire de forma malvada, baje la ventanilla, pero seguí en mi lugar.--¿Sabes?—pregunte de forma malvada. —Esta me la cobro. —le asegure, el me miro con sorpresa.
--Solo te estaba besando, amor. —dijo de forma inocente.
--No, me estabas acariciando los pechos haciendo que gimiese, estando al teléfono. —le recordé.
--¿Serás muy mala conmigo?—pregunto mirándome intensamente intentando dejarme sin palabras.
--Mmm… Creo que pensare algo bueno. —dije maquiavélicamente, el me miro asustado por lo que podría hacer. —Quizás algo de tortura en Victoria´s Secret. —dije pensando, el me miro con suplica y se asomo por la ventanilla.
--No, por favor eso no. —pidió, sonreí de forma inocente. —Sabes que no aguantare verte con los conjuntos de lencería y no poder tocarte.
--No solo veras los conjuntos que me pruebe, si no que también buscaras alguno que quieras verme puesto. —refine mi plan. —Es eso, o…
--O ¿Que?—pregunto esperanzado por que fuera algo menor a lo anterior, sonreí.
--O, no saciarte de mí por una semana. —dije encogiéndome de hombros, el jadeo.
--¿Cuando quiere mi diosa que vayamos a la tienda?—pregunto resignado, y alegrado de que la otra opción fuera eso exactamente una opción. Sonreí. —No sabía que fueras tan vengativa. —dijo el bajando los seguros del coche.
--No lo soy, pero esto te lo mereces, me has echo gemir con mi primo al teléfono, si hubiera sido algún desconocido, me daría igual, pero no lo era. —le dije escurriéndome a los asientos traseros, el había empezado a entrar en el coche y me miraba con picardía.
--Bueno, vale, en eso llevas razón. —concedió, avanzando hacia mi, cuando ya estuvo enfrente de mi, yo puse mis manos en su pecho para pararlo. —Pero con eso no quita que me aya quedado a medias, y no es nada justo.
--Emmett, estamos en el coche. —dije intentando persuadirlo, el se encogió de hombros y quito mis manos de su pecho.
--Solo quiero celebrar nuestro compromiso, mi amor. —dijo de forma inocente, mientras metía sus manos en mi camiseta, yo alce mis manos y le quite la cazadora, para luego sacarle su camiseta.
--Excusas. —murmure, mientras sentía como su boca atacaba a mi cuello, el rió. Yo le lance mis manos a su pecho, su abdomen, acariciando sus costados, para ir descendiendo suavemente por su abdomen hasta su cadera, tocando el borde de sus vaqueros, desabroche el botón y metí mi mano, tocando su gran dureza, era increíble lo fácil que este hombre estaba listo para hacerme suya en cualquier momento, pero aunque estaba listo empecé a acariciarlo, haciendo que gimiera, arriba y abajo, dándole placer al hombre que amo.
--Stella, mi amor, estoy mas que listo, no me tortures mas.--me dijo con voz ronca, sonreí, y le di un suave apretón, el jadeo, y empezó a desnudarme, sacándome los pantalones y la ropa interior, se sentó en los asientos de atrás y a mi me coloco sobre el, atrapo un pezón en su boca y así me hizo suya de nuevo. No solo lo hicimos una vez si no que fueron tres veces grandiosas, Emmett sabia lo que me gustaba, sabía exactamente donde me tenía que acariciar para que gimiera, y siempre se aprovechaba de un lugar muy sensible para mí, justo la piel de la clavícula y la cadera, con solo rozar esa parte con sus yemas, mi espalda se arqueaba y de mis labios salían un pequeño gemido, para el que Emmett siempre guardaba silencio, muchas veces me había dicho que le encantaba oírme gemir. Ahora nos encontrábamos en la parte de atrás del coche, el sentado en los asientos y yo encima de el, acabábamos de terminar por lo que estábamos intentando recuperar nuestras respiraciones, yo tenia mi cuerpo totalmente echado contra el de Emmett y mi rostro escondido en su cuello, el me tenia abrazada fuertemente, repartiendo besos por hombro de vez en cuando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario