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Entrar y curiosear. Los Fanfics de romance paranormal, de aventuras, de amor y misterio, divertidos, llenaran el blog para todos los gustos. Algunos Fanfics, seran originales, otros tomaran prestados los personajes de libros famosos. Espero que se lo pasen bien ^^
Att: Bloodcristal.

19 noviembre 2011

Capitulo 25: Nuestra noche especial.

Ya era la hora de irme, Rosalie llamo a la puerta, y entro siendo acompañada por Bella, las tres me dieron un gran abrazo y Rosalie me comunico que Emmett ya esperaba abajo, me dijo que se veía algo ansioso por verme. Salí de la habitación, y con unas cuantas inhalaciones y exhalaciones, baje por las escaleras, siendo observada desde la puerta por Emmett, quien iba vestido con un traje negro, y camisa blanca, iba muy guapo y elegante, me miraba de arriba a bajo mientras me sonreía con ternura, Jasper se encontraba a su lado, y al llegar al lado de los dos, Jasper me abrazo fuertemente, me dio un beso en la frente y me soltó, Emmett cogio mi mano suavemente y me la beso con dulzura, mientras musitaba contra ella.

--Estas preciosa, deslumbras. —dijo mientras me miraba directo a los ojos con intensidad, yo le sonreí y podía notar como mis mejillas se teñían de un rosado flojito. Con eso salimos de la casa, montándonos en su coche. El camino al restaurante fue en silencio, un silencio agradable, me llevo a cenar a un restaurante de renombre, muy conocido en todo el país, era francés. Al bajar del coche, pude apreciar bien la entrada al restaurante, lujosa, pero sin salirse de lo normal, había mozos para los coches, y también un hombre muy elegante que daba la bienvenida a los clientes, la reserva estaba echa a su nombre, nos acercamos al hombre que dispensaba todo para que nos guara hacia nuestra mesa. El señor inicio el camino hasta una de las mesas, al lado de la ventana, una mesa para dos, un mantel blanco cubría la imperiosa mesa, que poseía unas copas, para vino, jugo y agua, los cubiertos, y los platos, vacíos, en medio de la mesa había un pequeño jarrón con dos rosas rojas naturales. El restaurante era precioso y exquisito, su comida era asombrosa y la elegancia y servicio me dejaron alucinada, cada mesa tenia un camarero personal, a nosotros nos toco una joven muy respetuosa que ni una sola vez se le insinuó a Emmett o lo devoro con la mirada cosa que agradecí, ya que siempre me pasaba lo mismo con este hombre. La cena transcurrió en medio de una conversación pacifica y alegre, a menudo Emmett cogia mi mano por encima de la mesa y me decía que me amaba, todo era increíble y el echo de que fuera todo con el hombre que tenia enfrente de mi, lo hacia aun mejor. Me fije que en unas de las mesas, más cercanas a la nuestra se encontraba una pareja de señores mayores, nos miraban con ternura y se decían cosas bajito mientras nos miraban, ellos se fueron antes que nosotros, pero antes de salir del restaurante pasaron por nuestra mesa.

--Sentimos interrumpir jovencitos. —nos dijo el hombre, yo le sonreí y Emmett le negó con la cabeza mientras sonreía. —Solo venia a darte un consejo, muchacho, si me lo permites claro.

--Por supuesto señor. —le dijo Emmett sonriente, la mujer nos miraba con infinita ternura.

--Nos recordáis a nosotros cuando éramos jóvenes, y venia a aconsejarte que pidas su mano antes de que otro se te adelante. —dijo y el señor toco la mejilla de su mujer. —Se os ve muy jóvenes aun, pero te aconsejo que te la asegures, muchacho, no creo que encuentres a una mujer que te mire con el amor que esta joven te mira.

--Muchas gracias por el consejo señor, lo seguiré a rajatabla, se lo prometo. —le dijo Emmett mientras cogia mi mano por encima de la mesa.

--Querida, que seáis muy felices el uno con el otro. —me dijo la mujer y con un pequeño beso en la mejilla se fueron lo dos. Emmett y yo nos quedamos mirando como se marchaban con unas enormes sonrisas en nuestros rostros, cuando voltee a ver a Emmett, este ya me miraba, sus ojos brillaban.

--Voy a seguir el consejo de ese señor. —me dijo seriamente, le sonreí.

--Me alegro, estoy impaciente por saber cuando será. —le dije sonriendo con ternura.

--No te are esperar mucho, mi amor. —y dicho eso seguimos conversando tranquilamente asta acabar de cenar, Emmett pago y después de ayudarme a ponerme mi abrigo, salimos del restaurante camino al hotel, donde me entregaría a Emmett, se suele decir que los momentos previos a ese acontecimiento son difíciles, los nervios, el miedo a si duele, las dudas, las inseguridades, pero yo no estaba nerviosa ni nada de eso, solo expectante por estar con el, deseosa de que me amara, yo lo único que quería era sentir su amor por mi, quería que el notase el amor que le profeso en cada fibra de mi piel. Yo, sabia que el no había tenido esa experiencia como a el le hubiera gustado, ya que por culpa de Mayori eso se fastidio, por eso esta noche no solo seria mi primera vez, si no que seria la noche donde haría que Emmett se olvidara de aquella noche, para que solo recordara esta noche, nuestra noche juntos, mi corazón rebosaba de felicidad, mi estomago era el lugar de residencia de millones de mariposas, pero no eran nervios, si no emoción. Mientras yo pensaba en estas cosas, el me cogio la mano que descansaba en mi regazo y se la llevo a los labios, dándome un beso tierno, tranquilizador, el pensaba que tendría miedo o al menos nervios, pero estaba muy equivocado, le mire y sonreí de felicidad, el me contesto la sonrisa y sin soltarme de la mano siguió conduciendo. A los pocos minutos llegamos al mismo hotel cinco estrellas que yo había reservado para Edward y Bella, al llegar el mozo que se encargaba de los coches me abrió la puerta con una sonrisa, salí del coche y Emmett vino a mi encuentro, cogiéndome de la mano y entregándole las llaves al chico. Emmett había elegido sin duda el mejor hotel de la ciudad, lujoso, elegante y con un servicio inmejorable, pero también era acogedor, Emmett me beso en la mejilla tiernamente mientras el iba a por la tarjeta de la habitación, mientras yo observaba la recepción, era todo de un gusto y sencillez memorable, desde luego. Emmett regreso con la tarjeta y una enorme sonrisa en su rostro perfecto, cogiendo mi mano de nuevo, nos metimos en el ascensor, que únicamente ocupábamos nosotros.

--Pareces muy feliz. —le dije recostando mi cabeza en su hombro.

--¿Como no estarlo?—me pregunto y podía notar la sonrisa en su voz. —Estoy con la mujer que mas amo, y aunque aun no le e propuesto matrimonio ella espera que lo haga, dándome a entender que si quiere casarse conmigo.

--Veo. A si que estas feliz por que prácticamente te e dado mi si, ¿No?—le pregunte mientras esperábamos a llegar a nuestra planta, me estaba dando la impresión de que Emmett había cogido la ultima planta sabiendo lo que me gustaban las alturas. Su risa suave, lleno el ascensor.

--Si, ese es uno de mis motivos para ser feliz. —concedió besando mis cabellos.

--¿Y cuales son los otros?—pregunte alzando mi rostro para mirarlo, sus ojos brillaban con amor, dulzura, ternura, sus orbes azules parecía más dulces que de costumbre. El puso una mano en mi mejilla.

--Te me vas a entregar, saber que confías en mi tanto como para compartir tu cuerpo, me colma de felicidad, también se que te casaras conmigo en cuanto yo te lo pida. —dijo acariciando mi mejilla. —Saber que siempre serás mía, me hace el hombre más feliz del mundo, Stella. —dijo con dulzura, sus palabras eran tan hermosas que no pude reprimir las lagrimas, y suavemente se fueron escurriendo por mis rostro, el sonrió y las limpio con sus labios. —Hoy tienes prohibido llorar, solo te permito ser feliz y sonreír.

--Son lágrimas de felicidad, Emmett. —le asegure sonriendo. —Mi amor, las palabras que has dicho son tan hermosas.

--Solo te e dicho lo que pienso y siento. —dijo y beso mis mejillas, que aun seguían un poco mojadas por las lagrimas.

--Te amo Emmett. —le dije sonriendo, y acariciando su mejilla, el me sonrió y me beso dulcemente los labios.

--Yo también te amo Stella.

Supimos que habíamos llegado a nuestra planta cuando con unas campanitas el ascensor se paro y abrió sus puertas, dejándonos como yo había pensado en la ultima planta, es decir en la planta 20.Salimos del ascensor cogidos de la mano, para dirigirnos a nuestra habitación, la 302. Emmett se paro en la puerta y me sonrió, para luego inclinarse un poco y besar mis labios de nuevo, estaba siendo tan dulce conmigo. Al abrir la puerta y entrar me percate de que ya había estado alguien en ella anteriormente, y no hacia mucho, ya que había pequeñas velas aromatizadas por la habitación, acompañadas de rosas  rojas y blancas en varios jarrones y pétalos por el suelo y la cama. Fui entrando despacio, observando todo, embriagándome con aquel olor dulce, que llenaba mis sentidos, el olor era dulce pero no empalagoso, más bien te sumía en calma estar allí con ese aroma. Había visto que cerca del armario había dos pequeñas maletas, una de Emmett y otra mía, alguien le había ayudado y tenía una sospecha de quien había sido. Me quede parada en medio de aquella habitación de ensueño, la cama era de color blanco y tenia pétalos de las rosas rojas por encima, haciendo que constatasen el color de cada uno a la perfección. Note como Emmett se acercaba a mí y me quitaba el abrigo, suavemente, dejando mis hombros descubiertos, donde deposito, besos tiernos asta mi cuello, me estremecí, y el sonrió contra mi piel.

--Emmett esto es precioso. —dije dándome la vuelta con nuevas lagrimas en mis ojos, el sonrió con ternura y me beso. —Gracias.

--Te dije que nunca lo olvidarías. —me recordó pasando sus brazos por mi cintura, asentí sonriéndole. —Si quieres mientras yo busco algo que me falta, tu ve al baño a prepararte, ¿Quieres?—pregunto el con voz suave, le sonreí y me puse de puntillas para besarlo.

--Claro, no tardo. —le dije besándolo de nuevo, el me estrecho contra el un momento y luego me dejo ir.

Me fui al baño, donde nada mas entre me empecé a desvestir, allí había una pequeña maletita con mi neceser y algunas cosas mas, al mirarlo fijamente me percate de que había una nota, la cogi y la leí "Stella, espero que todo sea de tu agrado, aquí en tu neceser tienes las cosas fundamentales para pasar un fin de semana con Emmett, disfruta mucho de esto. P.D. Tener cuidado y amaros, y ahora dúchate y sal a la habitación donde te espera ese hombre que tanto te ama, y el cual esta deseoso de tenerte. Te quiero hermanita, Alice." Nuevas lágrimas surcaron mi rostro mientras me metía en la ducha como había dicho Alice que hiciera, saber que ella aprobaba esto me era muy importante, ella junto con Emmett habían preparado esta mágica noche, en esta preciosa habitación. Me estaba aclarando cuando Emmett llamo a la puerta del baño, le di permiso por si quería pasar a por algo, y entro. Se paro frente a la bañera y se aclaro la garganta, sonreí y le pregunte que sucedía, el me pidió que si podía entrar conmigo a la bañera, en un principio me sonroje, pero luego accedí, le dije que si con una enorme sonrisa, escuche como se desvestía, y como su ropa caía al suelo. Yo estaba de espaldas a el cuando entro, y nada mas entro me abrazo por detrás, pegándome a su pecho desnudo y mojado, el agua caliente caía por nuestros cuerpos desnudos, mientras nosotros únicamente permanecimos abrazados durante un rato, hasta que me empecé a dar la vuelta para encararlo, cuando mis ojos hicieron contacto con los suyos, vi el amor, el deseo, la pasión en ellos, y vi los mismos sentimientos en el reflejo de mis ojos en los suyos, el paso sus brazos por mi cintura y yo alce mis brazos asta rodear su cuello, estirándome para besarlo, el entendió lo que yo quería y se inclino para que pudiera besarlo. Junte mis labios con los suyos, dulces, sabrosos, que se apoderaron de los míos con la misma ternura de hacia rato, una de sus manos me acariciaba las espalda, y la utilizaba para pegarme mas a el, obligándome a arquearme contra el, el beso fue subiendo de lugar, su lengua perfilo mi labio suavemente y yo le concedí su paso a mi boca. Una de mis manos bajo a su mejilla, acariciándola, para luego pasarla por su cuello y deslizarla por su espalda, haciendo que yo me tuviera que estirar mas, Emmett me cogio y yo enrolle mis piernas en su cintura, acariciando su espalda, sus hombros, sus brazos. Emmett fue ralentizando el beso, poco a poco, el beso antes algo más apasionado se convirtió en un último beso dulce. Al separarnos juntamos nuestras frentes sonrientes, yo fui la que la separo de el, poniendo mis manos en sus mejillas, para besarlo nuevamente, el sonrió y me lo concedió, cogiéndome de nuevo la cintura para ayudarme a bajar de el, desenrolle mis piernas de su cintura desnuda y me quede de pie en el suelo de la bañera, donde me había depositado suavemente Emmett. Emmett agarro mi rostro entre sus manos y me aparto para mirarme a los ojos, encontró lo que buscaba por que una enorme sonrisa se extendió por su rostro.

--Salgamos ya. —dijo besando mi mejilla, asentí, el salio primero cogiendo una toalla y enrollándosela baja en su cadera, para luego ayudarme a mí a salir, y tenderme otra toalla con la que fue secando suavemente mi cuerpo, para finalmente enrollarla en mi cuerpo, cogiéndome de la mano para llevarme a la habitación. Fuimos asta la cama, donde Emmett me tumbo suavemente, deslizándose el encima de mi, pero sin ejercer presión, yo no notaba su cuerpo, con una sonrisa empezó a acariciar la piel de mi brazo, subiendo asta mi hombro, pasando las yemas de sus dedos por mi clavícula, haciendo que me estremeciera, subió por mi cuello y los paso por mis labios entreabiertos, donde deposito un beso dulce, para luego seguir con su trayectoria, por mi otro hombro, bajando asta mi brazo y luego mi mano, la que agarro y se llevo a los labios, besando cada yema de cada dedo, para luego besar la palma. Sonreí, era tan dulce. Cuando termino de besarme la mano se la puse en la mejilla, haciendo que me mirara, cuando vio mi mirada se decidió a continuar, para así finalmente hacerme suya. Subió un poco mas de altura asta que su rostro y el mío estaban a escasos centímetros. Levante mi cabeza un poco y lo bese, dándole luego una sonrisa, para que el confiara. Su mano comenzó a bajar de mi mejilla, a mi cuello, para luego seguir por mi clavícula y finalmente el borde de la toalla, donde se paro para mirarme, le sonreí y asentí, comenzó a deslizar la toalla con suavidad, dejándole a la vista mi cuerpo desnudo. Cuando finalmente me descubrió por completo se quedo mirando fijamente mi cuerpo.

--Eres la pura belleza de una diosa. —dijo acariciando uno de mis pechos, haciendo que arqueara levemente mi espalda ante la sensación, teniendo que morderme el labio, para no dejar escapar el gemido. El agacho su cabeza y me beso en el centro del pecho, para luego acariciarlo con la nariz, mientras su mano acariciaba de nuevo mi pecho y bajaba asta mi vientre, donde fue dando formas con sus dedos hasta encontrar mi cadera.

--Te amo, diosa mía. —dijo empezó a besarme, mi vientre subiendo, asta mi pecho donde beso suavemente mi pezón, haciendo ahora si que soltar un leve gemido, el siguió subió por mi clavícula, mi cuello, mi mentón, asta que finalmente me beso los labios, para luego poner sus labios en mi oído.

--¿Me concedería la diosa que tengo delante de mi, que la hiciera mía?—pregunto susurrándome al oído, subí mis manos por sus brazos, pasándolas por sus hombros, su cuello, para luego bajarlas hasta su pecho.

--Quiero ser tuya. —le dije suavemente en su oído, donde deposite un beso, haciendo que se estremeciera, el alzo su rostro y me miro.

--Entonces déjame concedértelo. —me pidió seriamente, le sonreí.

--Adelante, mi cuerpo es tuyo. —le dije alzando mis manos para entrelazar mis dedos a su cabello y poder bajarle para besarlo, el me beso mientras sus manos, me acareaban, una de sus manos, bajo despacio por mi costado, acariciando mi cintura, mi cadera asta llegara mí muslo, donde fue metiendo su mano asta la parte interior de este, pidiéndome con sus gestos que abriera un poco mis piernas, se lo concedí, mientras su mano acariciaba mi muslo, su lengua acariciaba mi boca. Nuestras lenguas jugaban suavemente, saboreándose la una a la otra, permitiendo así que mi cuerpo se fuera calentando poco a poco, entre sus caricias y sus besos. Emmett separo sus labios de los míos y los llevo a mi pezón, el que gritaba por atención, lo beso y luego se lo metió a la boca, jugando con el suavemente, haciendo así que gimiese y arqueara mi espalda, el sonrió satisfecho con mi reacción, su mano seguía en mi muslo, solo que ahora subía por el interior, camino a mi feminidad, aquella que aguardaba por el. Al notar sus dedos acariciando mi feminidad con dulzura, no pude evitar el gemido, acariciaba suavemente aquella zona tan sensible haciendo que mi cuerpo prendiera en una sola vez, sus labios estaban en mi cuello, basándolo y de vez en cuando lamiéndolo, mis manos las moví hasta su espalda, su cabello, su cuello, sus mejillas, sus hombros, me deleitaba con su piel suave. De mis labios salían pequeños gemidos ante la atención que estaba teniendo mi intimidad, pero tuve que gemir más fuerte cuando note a uno de sus dedos introducirse dentro de mí, haciendo que el mismo gimiera.

--Tienes que estar bien lista para mi, mi amor. —me dijo besándome los labios, las mejillas. Al poco tiempo de que sentí uno de sus dedos, introdujo otro, haciendo una deliciosa fricción, ganándose por mi parte gemidos, que el acallaba diciéndome después que eran sabrosos, me estaba prestando tanta atención que me sentí igual a una reina, aunque el me había comparado con una diosa. Dándome un beso en los labios, retiro sus dedos de mi interior, llevándoselos a la boca, después, ante mi atónita mirada, el me sonrió y se inclino para besarme, y luego decirme al oído "Sabrosa, deliciosa y únicamente mi manjar" le volví a besar después de esas palabras, acariciando su pecho, su abdomen, hasta llegar al borde de la toalla. El me miro y cogiendo mi mano con la suya tiramos de la toalla, dejándolo completamente desnudo, al contemplarlo totalmente desnudo alce mi ojos a el y agarrándole de las mejillas lo acerque a mi.

--¿Sabias que siempre te considere un dios?—le pregunte besando su cuello, el metió sus manos debajo de mi espalda y me pego a el. —Eres mi dios, Emmett, y soy la única con derecho a contemplarte. —dije besando su pecho, mientras mis manos acariciaban su espalda y luego su abdomen, cuando mis manos llegaron a su cadera gimió. El estaba más que listo, notaba su dureza contra mi vientre, el y yo no podíamos aguantar mas, estando tan cerca pero a la vez tan lejos.

--Stella. —pidió, le bese y me prepare para el, abrí mis piernas para cobijarlo en medio de ellas, el estaba inclinado y notaba su sexo en la entrada de mi núcleo, con una mirada me pidió saber si estaba bien para empezar y se lo deje saber con una sonrisa, el asintio y empezó a entrar suavemente en mí, haciendo que gimiera, poco a poco empezó a entrar asta que dio con mi virginidad, donde paro un momento, para coger aire y retomar su deslizamiento, cuando traspaso mi virginidad, hice una mueca de dolor, haciendo que unas lagrimas se deslizaran por mi rostro.

--Ya pasa mi amor, relájate, ya pasa. —me repetía acariciándome la mejilla, llevándose la lagrima que descendía por ella. Respire un par de veces y asentí.

--Continua, estoy mejor. —le dije mirándolo a los ojos, el asintio y continuo lentamente, asta que finalmente estuvo dentro, cosa que hizo que gimiésemos los dos, empezó a moverse lentamente, dejando que yo me adaptara al enorme intruso de mi cuerpo. Cuando mi cuerpo se adapto, el pequeño dolor que me quedaba fue remplazado por el inmenso placer que sentía al tenerlo dentro de mi, Emmett al ver que yo estaba bien, subió el ritmo de su deslizamiento, mi manos volaron a su cara, para atraerlo a mi, el bajo su rostro y me beso con pasión, dejándome bien claro cuanto me amaba, acariciándome, besando cada parte de mi piel y acallando los gemidos de mis labios, producidos por nuestra unión, poco a poco, ambos pedíamos más, pero Emmett temía dañarme.

--Emmett. —gemí, el me miro preocupado y podía notar como ralentizaba el movimiento, negué. —Más... más deprisa. —gemí arqueando mi espalda, el gruño y incremento rápidamente su ritmo. Después de eso aumento mas su ritmo, haciendo que la parte baja de mi vientre se fuera calentando a un ritmo vertiginoso, mi corazón latía en mis oídos dejándome medio sorda, que lo único que acallaba el latido de mí corazón en mis oídos eran los gemidos de Emmett, que producían fuego en mi, saber que el estaba así por mi, era algo que aun no me creía. Quería notarlo mas cerca, así que alce mis piernas y las enrolle en su cintura, haciendo así que mi cadera se alzara, permitiéndole entrar mas profundo en mí. Empecé a notar como la parte baja de mi vientre ardía, parecía que me llenaban lenguas de fuego, Emmett gruño y subió las embestidas, haciendo que las lenguas me recorrieran para salir, y lo hicieron con unas embestidas mas arquee mi espalda mientras gritaba el nombre de Emmett.

--¡¡Emmett!!—grite, llegando a un cielo que no sabia que existía, y del cual tendría que agradecerle a Emmett. El necesito de un tiempo mas para llegar a su cielo, pero lo hizo, gritando mi nombre mientras yo notaba como me llenaba de el.

--¡¡Stella!!—grito en la ultima embestida, dejándolo exhausto, Emmett se desplomo encima de mi, poniendo su rostro en el hueco de mi cuello, para recuperar la respiración jadeante que ambos poseíamos, yo le rodee con mis brazos, reteniéndolo dentro de mi, y pegándolo a mi cuerpo, que al igual que el suyo descansaban cubiertos por una fina capa de sudor producto de nuestro acto de amor. Deposite besos en su cabello mientras mis manos recorrían su espalda, el con un beso en mi cuello alzo su rostro de mi cuerpo para mirarme a los ojos. Y antes de que el hablara lo hice yo.

--Te amo Emmett, te amo. —le dije acariciando su mejilla, el sonrió y beso la palma de mi mano.

--Te amo, Stella, mi diosa. —dijo el, se incorporo un poco y salio de mi con la misma suavidad con la que entro. Se tumbo a mi lado y me rodeo con sus brazos atrayéndome contra su pecho, como siempre hacia antes de irnos a dormir.--¿Como te encuentras?—pregunto besando mis cabellos, sonreí contra su pecho.

--Perfectamente, llena de dicha al entregarme a ti. ¿Y tu?—le pregunte besando su pecho y apretándome mas contra el.

--Acabo de hacer mía a la mujer que más amo en este mundo ¿Que otra cosa que no sea absoluta felicidad, podría sentir?—me pregunto el alegremente, mis mejillas se tornaron rojas ante la afirmación de lo que acababa de pasar, por suerte el no lo vio, me apretó contra el y pregunto de nuevo.--¿Te duele?—pregunto preocupado

--No, mi amor, has sido tan dulce, que no me duele nada. —le tranquilice.

--No se puede tratar de otro modo a la que será la madre de mis hijos. —afirmo, sonreí.

--Cierto, ya tienes mi si, solo tendrás que pedir mi mano. —le dije alzando mi rostro para mirarlo, el tenia una cara de sorprendido que no podía con ella.

--¿Me das tu si?--pegunto sorprendido y emocionado, le sonreí y hice que rodáramos para quedar el boca arriba y yo en su pecho.

--Por supuesto. —le confirme, y recordé el sueño que tuve aquel día.--¿Recuerdas el día que me despertaste por que lloraba en sueños?—le pregunte.

--¿El que querías que se cumpliera?—pregunto, asentí. —Si, ¿Por que?

--¿Quieres saber con que soñé ese día, que en un principio te lo negué?—le pregunte curiosa por saber si quería, el me miro emocionado, y asintio expectante, le sonreí. —El sueño empezaba conmigo, mirando por la ventana a un jardín con columpios para niños, en mis brazos sostenía a una bebe de nos mas de seis meses, pelo castaño, ojos azules, labios gorduelos y mejillas sonrosadas, subí al primer piso de la casa donde estaba, parándome en una habitación llena de juegos donde jugaban dos niños más grandes. Uno era alto, de pelo negro y ojos marrones, el otro era de pelo negro, complexión fuerte, ojos azules y sonrisa con hoyuelos, era igual a ti, ese niño, vino a mi y me abrazo, pidiendo que dejara jugar a su hermanita Elizabeth con Eleazar y con el, Eleazar llamo a su hermano Emmett, el que era idéntico a ti.

--¿Eras madre?—pregunto curioso y emocionado, le asentí. —Sigue con el sueño, me gusta.

--Yo baje con mi bebita, al porche, esperando a que mi marido llegara a casa, no espere mucho cuando un coche entro al garaje, del que se bajo mi marido, con una enorme sonrisa, se acerco a nosotras dos y con un beso en la frente de mi hija y otro a mi me dijo te amo. —le conté, lo mire y me fruncía el ceño.--¿Ocurre algo?

--¿Quien era tu marido?—pregunto triste, sonreí.

--Tu. —le confirme sonriente, el sonrió y me abrazo mas fuerte contra el.--¿Quien creías que era?

--No se, algún tipo que conozcas.

--Recuerdo haberte dicho que estabas en el sueño. —le reproche poniendo un puchero, el sonrió y me beso.

--Sigue. —me incito.

--En ese sueño pasaron tres años, todos nuestros pequeños jugaban juntos en el jardín ante nuestras miradas desde el porche. En ese momento me giro y con una sonrisa cojo tu mano y te pregunto si querías que te diera una sorpresa, tu dices que si, y yo poniendo tu mano en mi vientre te confeso que estoy embarazada de nuevo, al ver tu cara de felicidad en el sueño provoco que llorar, por eso el llanto. —le confesé sonriente.

--Yo también quiero que se cumpla. —acordó besándome de nuevo.

--Yo llevo deseándolo desde que tuve ese sueño, nada me aria mas feliz. —le asegure, acurrucándome contra el.

--Es hora de dormir, mañana nos espera un largo día.--me dijo besando mis cabellos.

--¿A donde vamos?—le pregunte medio dormida ya.

--Donde tú quieras, la única condición es estar siempre juntos. —dijo apretándome contra el, pero me soltó un poco y agarro las sabanas para cubrirnos.

--Aun hace buen tiempo, me gustaría ir al prado que me enseñaste. —le pedí, el beso mis cabellos.

--Como tú quieras, mi diosa.--dijo y me beso de nuevo los cabellos. —Te amo.

--Te amo, mi amor, buenas noches. —le dije acurrucándome dentro de su abrazo.

--Buenas noches. —suspiro.

Y así nos quedamos profundamente dormidos, abrazados, completamente desnudos, y exhaustos hasta cierto punto por nuestra acción de amor. Estaba pletórica de felicidad, acababa de entregarme al hombre que amo, y el cual quiere hacerme su esposa, aunque se que aun somos jóvenes, no puedo negar que la idea de que en un futuro me case con Emmett me hacia aun mas dichosa de lo que ya era. Tendría, por supuesto, que agradecerle la ayuda que le dio a Emmett, Alice, ya que todo había sido perfecto, ahora agradezco que Emmett me parara en aquella ocasión, si no lo hubiera echo me habría perdido esta perfecta, magia y memorable noche con mi gran amor. Y aquí me encontraba, en brazos de mi propio Dios, durmiendo completamente desnudos, con nuestros cuerpos pegados como si estar lejos nos costara la vida, la emoción que sentí, el amor que Emmett desprendía cada vez que me miraba o me acariciaba, la dulzura con la que sus manos me tocaron, la delicadeza cuando me hizo suya, todo eso estaba grabado a fuego en mi memoria, recordando el cosquilleo de sus yemas por mis costados, el calor de sus labios en los míos, la humedad de su lengua en mi cuello, todo, absolutamente todo estaba grabado tanto en mi memoria, como en mi cuerpo. Había sido una noche inolvidable, y se lo agradecía con todo mí ser. Era una chica afortunada, no todas tienen la suerte de tener una primera vez como la mía, con el hombre que amo, yo era afortunada. El sol empezó a salir, adentrándose por las ventanas como un espía insulso que quiere despertar poco a poco, calentando su cuerpo con sus suaves rayos de luz, y eso tendría que ser prohibido, ya que despertar a un Dios durmiente como el que tenia a mi lado era un gran delito. Sus rayos de luz brillantes y sin consideración acariciaron la espalda de Emmett, haciendo que este se removiera por la molestia de la luz y del calor, como yo no quería que se despertara, salí poco a poco de sus brazos, levantándome para cerrar las cortinas, produciendo así que la habitación se oscureciera, aun era muy temprano, prácticamente estaba amaneciendo, por lo que me deslice de nuevo el interior de la cama, siendo acogida de nuevo por los brazos que me daban protección cada día y cada noche, quedándome profundamente dormida. Un sonido estridente y repetitivo me despertó, haciéndome salir de un maravilloso sueño que acababa de tener, pero algo me dijo que no había sido un sueño. Los brazos de Emmett me apretaron a su cuerpo mientras este se estiraba para coger aquello que nos había molestado, dejándome notar como estaba completamente desnuda contra su cuerpo, dejándome saber que no había sido un sueño. Se estiro y cogio algo, y medio refunfuñando hablo.

--¿Hola?—pregunto medio dormido. —Hola Alice ¿Que pasa?—pregunto algo molesto por la llamada. —Si, aun duerme, y yo también lo estaba asta que as llamado. —le contesto. —Alice, no… No… Me da igual. —dijo tajante. —Si, se lo daré hoy. —dijo en un murmullo, yo me había removido para apretarme mas contra el. —De acuerdo Alice, adiós. —dijo y colgó, suspirando dejo el móvil de nuevo en la mesita, para luego encararme y abrazarme nuevamente, hundiendo su rostro en mi cabello e inspirando profundamente. Me abrace a el y dándole un beso en el pecho, me empecé a levantar, el me agarro y me estrecho contra su pecho. —Buenos días, preciosa. —me dijo besándome el cabello, sonreí.

--Buenos días, mi amor. ¿Que haces despierto tan pronto?--le pregunte curiosa, el suspiro y aflojo su agarre a mi para que y alzara mi rostro, al alzarlo sus labios se apoderaron de los míos.

--Alice, llamo. —me dijo besándome de nuevo, sonreí contra sus labios.

--¿Para que?—pregunte besando su mejilla, y bajando a su mandíbula.

--Quería todos los detalles, y piensa sonsacártelos aunque para ello te tenga que torturar. —me dijo acariciando mi cintura. —Es lo que ella me ha dicho.

--Mmm… Creo que tendré que aprovechar muchísimo mas estos días contigo, si a la vuelta me espera el duendecillo demoníaco que tenemos por hermana. —dije basando su cuello.

--¿Y por que no empezamos a disfrutarlo ahora mismo?—pregunto rodando asta quedar boca arriba y yo encima de el poniendo una pierna a cada lado de su cuerpo. Sonreí, y me incline hasta besar sus labios, mientras mis manos acariciaban su pecho, su cuello, sus mejillas. Baje mis manos a sus hombros para bajarlas por sus brazos y coger sus manos para ponerlas en mis muslos, el sonrió contra mis labios y empezó a acariciarme. —Me parece que estas de acuerdo. —me reí mientras aferraba el lóbulo de su oreja con mis dientes, el jadeo. —Si… definitivamente estas de acuerdo. —dijo y comenzó a acariciarme más afondo.

Ese día no salimos de la cama hasta la tarde, y lo hicimos por que teníamos hambre si no hubiéramos seguido amándonos. Estábamos abrazados cuando finalmente Emmett decidió dejar que me levantara, le bese y me deslice de la cama hacia el armario donde estaba mí ropa, cogi unos jeans, de pitillo, una camiseta de manga larga en rosa, y mi ropa interior, mientras yo buscaba mis ropa y preparaba todo Emmett se ducho, saliendo del baño con una toalla baja en su cadera, cogi mis cosas y dándole un beso en los labios, me metí a ducharme.

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